La paloma marchó
dejando tras de sí
un fugaz frenesí
con hedor a decepción.
El tiempo corrió.
Limando de asperezas
un herido corazón,
pero sano de tristeza.
Dejó de volar ante mis ojos.
Sus alas tiñeron mi noche.
Fue encerrada sin cerrojo.
De recuerdo, de plata un broche.
Mas Lorenzo amaneció,
entonando: "¡Buenos días!"
Algo en mi pecho sonrió:
un antiguo sentimiento florecía.
La paloma se liberó.
Batiendo sus alas con esmero.
Una nube suspiró
al verla surcando el cielo.
¿Volverá la paloma
a lo que un día fue su hogar?
Si vuelves, paloma,
que seas de verdad.
Biko.
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